Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Sarajevo
El País Jueves,
07.05.92
Las negociaciones entre la presidencia de Bosnia-Herzegovina
y el Ejército federal en Sarajevo, bajo auspicios de la Comunidad Europea y las
Naciones Unidas, lograron al menos la retirada de los cadáveres que aún yacían
por las calles de la capital y un intercambio de los prisioneros de ambas
partes hechos durante los violentos combates de los últimos cuatro días.
El alto el fuego acordado a última hora del martes sólo se
cumplía parcialmente. Ayer callaron la artillería pesada y los tanques
atrincherados en los cuarteles de Lukovica y Viktor Buban, pero las granadas de
mortero caían sobre el centro. "Parece que son granadas de mortero
lanzadas por parte serbia", señaló el enviado especial de la CE, el
irlandés Calm Doyle. Los combates más intensos se produjeron en Mostar, la
histórica ciudad a orillas del Neretva, que tiene ya varios barrios en ruinas por los bombardeos del Ejército. Tres personas murieron en los combates, según
informó la agencia Tanjug. En la región central del norte de la república, la
guerrilla serbia y el ejército intensificaron las acciones para hacerse con las
ciudades que aún no controlan y que necesitan para la continuidad territorial
de sus zonas ocupadas en Bosnia y Croacia. Así, se produjo el primer ataque con
morteros contra los suburbios de Tuzla, una "ciudad modelo" de la
convivencia interétnica como demuestra que la práctica totalidad de sus
ciudadanos serbios se han movilizado en las filas de las tropas de defensa
territorial que se enfrentan a la guerrilla serbia y al ejército. La ciudad de
Doboj sufría ayer el cuarto día de bombardeos consecutivos.
Las fuerzas irregulares serbias, armadas por el Ejército,
parecen decididas a impedir un alto el fuego que en este momento puede
interesar al Ejército dada la precariedad de la situación de sus dos cuarteles
y el hospital militar. El Ejército serbio-federal tuvo numerosas bajas.
Entre las autoridades bosnias existe una fuerte resistencia a dejar salir a las tropas de estos dos cuarteles, según se recoge en el
acuerdo de alto el fuego. Nadie duda de que todas las armas que saquen acabarán
en manos de la guerrilla serbia y la defensa territorial de la República Serbia
de Bosnia-Herzegovina autoproclamada en los territorios ocupados. La decisión
del régimen de Belgrado de llamar a todos los ciudadanos de Serbia y Montenegro en el Ejército a regresar a sus casas afectará a una mínima parte de los
cerca de 80.000 soldados del ejército-federal en Bosnia, ya que en torno al 80%
son serbios nacidos en esta república.
El enviado personal del secretario general de las Naciones
Unidas, Butros Gali, a Bosnia-Herzegovina, Marrack Goulding, corrió ayer de
nuevo peligro de muerte en Sarajevo al dispararle francotiradores, cuando
inspeccionaba los gravísimos daños de los últimos bombardeos serbio-federales
sobre el centro histórico. Los cascos azules que escoltaban a
Goulding se abalanzaron sobre éste para protegerle. No hubo heridos en este
incidente.
Goulding ha comprobado el caos en que se halla sumido
Sarajevo. Al llegar el martes a Pale, un bastión serbio al este de la ciudad,
tuvo que esperar siete horas al convoy de blindados de la ONU que acudía a
recogerle. El intenso fuego artillero del ejército serbio federal no
permitió, en un principio, el paso del convoy, lo que se consiguió tras
intensas negociaciones para que los cuarteles de Lukovica y Viktor Buban dejaran
descansar su artillería al menos por unos momentos.
[Mientras tanto, los observadores de la Comunidad Europea,
que habían suspendido ayer sus actividades por la muerte de un observador
belga en Bosnia-Herzegovina, volverán a su trabajo a partir de las ocho horas
de esta mañana, según declaró a France Presse Joao da Silva Voz, en Zagreb.]
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