Por HERMANN TERTSCH
El País, Sarajevo,
06.05.92
Marrack Goulding, el segundo hombre en la jerarquía de las
Naciones Unidas tras el secretario general, Butros Gali, y responsable de todas
las operaciones de paz de la ONU en marcha hoy en el mundo, estuvo a punto de
morir ayer al estallar a menos de 20 metros una granada de mortero cuando
abandonaba la sede de las Naciones Unidas en Sarajevo y se dirigía a la
presidencia de la república de Bosnia-Herzegovina. Goulding y sus acompañantes
resultaron ilesos, pero la agresión arroja graves interrogantes sobre la
posibilidad de despliegue de cascos azules en Bosnia-Herzegovina que él ha
venido a sondear.
En una tanqueta de las tropas de las Naciones Unidas, a las
18,30 de la tarde y después de atravesar un centro urbano de Sarajevo en el que
ardían numerosos edificios a causa de los bombardeos y los ciudadanos les
saludaban entre agradecidos y escépticos, Goulding ya había sido recibido con
la explosión de dos granadas lanzadas por carros de combate de que sólo dispone
en Sarajevo el Ejército serbio-federal.
La guerra es total en Bosnia-Herzegovina entre las fuerzas
gubernamentales bosnias y el Ejército serbio-federal y la guerrilla que le
apoya. Cadáveres en las calles, edificios y vehículos ardiendo y las
detonaciones de granadas de diverso calibre y ráfagas de ametralladora seguían
dominando el panorama urbano de la que fue en su día ciudad olímpica y paradigma
de la tolerancia étnica, política y moral.
Los blindados de la ONU tuvieron que cerrar sus puertas ante
el peligro omnipresente de los tiradores que se volvieron a cobrar diversas
víctimas. Tras una jornada saturada de bombardeos, combates, víctimas y damnificados,
la Comunidad Europea (CE) volvió a congratularse por un acuerdo del alto el
fuego que habría de durar pocos minutos.
"Aunque dure dos horas tan sólo, el alto el fuego,
habremos salvado bastantes vidas", señaló a este periódico Calm Doyle,
enviado especial de lord Carrington y principal mediador en el conflicto, sin
disimular su profundo escepticismo, tras un viaje que calificó de terrible
pérdida de tiempo y "grave trastorno a los planes previstos" en
declaraciones de EL PAÍS. Goulding intentará hoy frenar la espiral bélica que
ya ha causado centenares de víctimas en esta república ex yugoslava.
Fuera de control
La guerra en Bosnia-Herzegovina había escapado ayer ya a
todo control y la influencia de los esfuerzos mediadores internacionales se
desvanecían por momentos. Más de veinticinco horas de bombardeos
ininterrumpidos hacían arder al anochecer numerosos edificios en el centro de
la capital y la cifra de muertos y heridos sigue creciendo en toda la
república.
En Belgrado, el Gobierno serbio-federal hizo ayer pública
la esperada llamada a todos los ciudadanos de Serbia y Montenegro que sirven en
el Ejército para que regresen a sus repúblicas de origen en un plazo de quince
días y se incorporen al Ejército de la nueva Yugoslavia. Este llamamiento es un
nuevo intento del régimen del presidente serbio Slobodan Milosevic de
presentarse ante la comunidad internacional como ajeno al conflicto de
Bosnia-Herzegovina.
Sin embargo, el ministro serbio-federal de Defensa, Blagoie
Adzic, ya ha asegurado que el 80% de las fuerzas del Ejército en Bosnia son
nacidos en esta república, aunque la práctica totalidad son de etnia serbia.
Esta cifra de Adzic contrasta con el alto porcentaje de militares procedentes
de Serbia que había entre los detenidos por las fuerzas bosnias tras asaltar un
convoy militar el domingo en Sarajevo.
No obstante, dada la situación, nadie podrá impedir que, al
igual que las guerrillas cuentan con numerosos voluntarios armados y financiados
en Serbia, el Ejército cambie su nombre por el de Defensa Territorial de la
autoproclamada República Serbia de Bosnia-Herzegovina (SRBiH). Así continuará,
oficialmente independiente de Belgrado, su política de "liberar" para
el control serbio las regiones de Bosnia-Herzegovina que quieren anexionar de
una u otra forma a la federación serbio-montenegrina.
Las granadas caían ayer sobre Sarajevo con implacable
regularidad. Una breve fase de relativa tranquilidad fue interrumpida por
nuevos bombardeos de los barrios musulmanes de la periferia y combates en la zona
suroccidental de la ciudad que grupos serbios intentaban tomar a toda costa. En
una incursión de estas bandas en un barrio bajo el monte de Vraca murieron al
menos cinco civiles.
Las negociaciones previstas para la mañana entre la
presidencia de la república y el Ejército serbio federal no se celebraron
debido, por un lado, al intenso bombardeo del centro que impedía la salida de
la presidencia de sus miembros y, por otro, al bloqueo por fuerzas
territoriales del cuartel de Lukavica, donde se hallaba el comandante en jefe
del Ejército serbio-federal, Milutin Kukanjac.
Las fuerzas de Bosnia-Herzegovina lanzaron un ultimátum al
Ejército para que evacúe antes de la medianoche de hoy dos cuarteles y el
hospital militar en la ciudad, ya rodeados en su totalidad por las fuerzas de
la nacionalista Defensa Territorial.
Mediación comunitaria
Por otra parte, la reunión de la conferencia de paz para
Yugoslavia que hoy se celebra en Bruselas es decisiva para el éxito de la labor
de mediación de la Comunidad Europea, informa Nicole Guardiola desde
Lisboa. El ministro portugués de Exteriores, Joáo de Deus Pinheiro, admitió el
lunes que los Doce encaran la eventualidad de renunciar a su mediación en los
conflictos en curso en la antigua Yugoslavia, aunque la presidencia portuguesa
espera aun que las negociaciones de Lisboa acaben por producir algún resultado.
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