Por HERMANN TERTSCH
El País, Sarajevo,
06.05.92
Ayer subió en Sarajevo el precio de las ortigas. El único
vegetal fresco que comen sus habitantes tras más de tres semanas de bloqueo
total de la ciudad por parte del Ejército serbio federal cuesta ya 500 dinares
por bolsa, el salario de media jornada en tiempos de paz y mucho más ahora que
nadie recibe sueldo, nadie trabaja y los escasos acopios de comida en los
hogares se van extinguiendo. Un solitario vendedor ofrecía ayer las ortigas en
un precario puesto junto a los bloques de viviendas frente a la televisión
mientras el edificio recibía nuevos impactos de granadas de tanque disparadas
desde el cercano cuartel de Viktor Buban. Decenas de hombres del barrio en
armas estaban concentrados en un patio cercano que sirve de retaguardia al
frente de la defensa territorial que rodea este cuartel.
Entre ellos, hay muchos serbios como Dragan, un taxista al
que antiguos compañeros intentaron infructuosamente convencer para que subiera
al monte a disparar sobre la ciudad. "Les dije que no contaran conmigo ni
con mis amigos serbios, aquí somos ciudadanos, serbios, musulmanes y croatas.
En mi bloque, de 64 familias, sólo dos serbios están allí arriba. Esto es una
lucha entre los hombres de las montañas -serbios ignorantes, con el Ejército
que actúa como una fiera herida- contra el hombre de ciudad. Nos quieren
imponer su guerra. Nosotros conocemos Europa. Ellos no saben nada. Sólo
destruir".
Gente herida
Junto a él, dos musulmanes, Suab y Memet, le refrescan la
cara a un tercero herido por metralla de mortero minutos antes. "En los
sótanos tenemos mucha gente herida o enferma que no podemos llevar al hospital.
No han dejado de bombardear el centro desde hace veinticinco horas".
"Hay tanto dolor, tanto odio ahora..., pero lo que más
nos hace sufrir es la impotencia" señalaba cerca de allí un joven de
padre serbio y madre musulmana. En algunos momentos era casi imposible oírle a
causa de las detonaciones.
"Allí arriba", señala a los montes en torno a la
ciudad, "miles de asesinos están dispuestos a matarnos a todos. Los
monitores [de la Comunidad Europea] no nos pueden proteger y yo creo que
tampoco las fuerzas de las Naciones Unidas. Los bosnios estamos solos ante
ellos y estamos casi desarmados. Pero el tiempo todo lo cambia y ellos pagarán
por todo esto. Tendrán guerra civil y destrucción en Serbia. Esas bandas de
criminales que han armado se volverán contra ellos, les matarán y robarán como
hacen con nosotros. La guerra de Croacia fue cuartos de final, esta es la
semifinal, pero la final se jugará en Belgrado".
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