Por HERMANN TERTSCH
El País, Sarajevo,
22.06.92
Ha perdido sus dientes por un leve cabezazo de su hija.
"Tengo las encías irritadas continuamente. Me dio un golpe suave y se me
cayeron todos éstos", decía ayer Zeljo, un actor de teatro de Sarajevo,
señalando con el dedo el enorme hueco que, en su boca, ha dejado la actuación
conjunta de su hija y la malnutrición que sufre la población aislada de esta
ciudad.
Svetlana Zjez, especialista en nutrición, no descarta que se
hayan producido los primeros muertos por inanición en barrios cercados de
Sarajevo u otras partes de Bosnia-Herzegovina, pero asegura que la capital,
sitiada y sin suministro de alimentos desde hace mas de 70 días, aún no ha
llegado a la situación de muerte por hambre.
Zjez ha perdido ya siete kilos desde que comenzó el asedio.
"Toda la ciudad come sólo hidratos de carbono y grasa. No hay ya
prácticamente proteínas animales", dice. "Lo saludable es comer unas
2.700 calorías y hoy la gente en Sarajevo está comiendo unas 1.500".
"Los primeros síntomas son la caída de dientes, la piel que se torna
anaranjada y los eccemas alrededor de la boca. Pero en el centro de Sarajevo no
hemos llegado todavía a esta situación", añade.
La gente en Sarajevo busca aún resquicios por los que
conseguir algo de comida. En el barrio de Kosevo, en la línea del frente, a
menos de 500 centenares de metros del hospital, hacinado de heridos y en
desesperada escasez de medicinas, un grupo de defensores de la ciudad lograron
cambiar un cordero por tres prisioneros. "Hay canjes mejores. Están
intercambiando dos prisioneros por una botella de oxígeno para el
hospital", aseguraba Jana Schneider, la fotógrafa herida por un mortero en
Dobrinja. El periodista esloveno que la acompañaba murió en un hospital de los
sitiantes serbios de la ciudad. Ahora piden, a cambio del cuerpo, siete
cadáveres de su gente muerta en combate o el reconocimiento por parte de
Eslovenia de la República Serbia de Bosnia-Herzegovina.
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