Por HERMANN TERTSCH
El País, Belgrado,
30.04.92
"No sé ante qué país soy embajador". La
perplejidad de José Manuel Allendesalazar, embajador de España en la antigua y
difunta Yugoslavia, es compartida por centenares de diplomáticos aún residentes
en Belgrado y que en su día fueron nombrados representantes ante un país que ya
no existe. Sólo Grecia rompió el consenso comunitario de no asistir a la
ceremonia de proclamación del nuevo Estado compuesto sólo por Serbia y
Montenegro, que alberga pretensiones de convertirse en heredero legal de la
antigua Yugoslavia. Conscientes de que su presencia en Belgrado confiere cierto
reconocimiento de hecho al nuevo Estado, algunos países europeos han mandado
"de vacaciones" a sus embajadores, y todos, incluida España, han
reducido sus contactos.
El nuevo Estado será reconocido internacionalmente. A la
comunidad internacional le es indiferente como quiera llamarse, y no se
obstinará con un cambio de nombre como hace Grecia en el caso del
reconocimiento internacional de Macedonia, que sigue bloqueando. Sin embargo,
parece difícil que la comunidad internacional se avenga a reconocer en la nueva
Yugoslavia serbio-montenegrina la sucesora legal de la antigua Federación de
Yugoslavia.
El caso de Rusia no es comparable, señalan fuentes
diplomáticas, ya que esta república sí cuenta con una inmensa mayoría de la
población de la antigua URSS. Análogo sería el caso de Austria, a la que en
1919 se negó el papel de sucesora legal de Austria-Hungría. La Yugoslavia
serbio-montenegrina cuenta con menos del 50% de la población de la antigua
federación y menor porcentaje todavía del territorio.
Grecia, cuya política se asemeja cada día más a la de los
vecinos balcánicos y menos a la europea comunitaria, ha anunciado para hoy la
visita a Belgrado de su primer ministro, Constantino Mitsotakis.
También Rumanía ha reconocido al nuevo Estado.
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