Por HERMANN TERTSCH
El País, Belgrado,
30.04.92
El Ejército serbio-federal lanzó ayer un fuerte y continuado
ataque con morteros y artillería contra Sarajevo minutos después de que la
televisión de Belgrado anunciara que la defensa territorial de
Bosnia-Herzegovina, los órganos legales de la presidencia, "había
declarado la guerra al Ejército popular yugoslavo". La ofensiva se
extendió también a dos ciudades al noroeste de la república. La salida del
presidente de Bosnia-Herzegovina, Alia Izetbegovic, del país rumbo a la
conferencia tripartita en Lisboa bajo intensas presiones de la Comunidad
Europea (CE) y el violento rechazo por parte del general responsable del
Ejército federal en su territorio, Milutin Kukanjac, del ultimátum hecho a sus
tropas por la presidencia parecen haber sido los detonantes de lo que anoche
parecía el comienzo de la guerra total para la conquista serbia de Sarajevo y
las regiones étnicamente mixtas aún no dominadas.
Aunque el Gobierno de Bosnia-Herzegovina se apresuró a
desmentir por su propia televisión como una "burda falsificación" la
información de la agencia serbia Tanjug, difundida por la televisión de
Belgrado, el efecto de ésta no se vio mermado, en gran parte porque la
televisión de Sarajevo ya no cubre la mayoría del territorio de la república.
El secretario general de la ONU, Butros Gali, dijo ayer en
Nueva York que el vicesecretario general para operaciones de paz, Marrack
Goulding, viajará a Bosnia-Herzegovina para estudiar la posibilidad de
enviar cascos azules.
BELGRADO ACUSA A BOSNIA-HERZEGOVINA DE DECLARAR LA GUERRA AL
EJÉRCITO YUGOSLAVO
Según la agencia de noticias Tanjug y la televisión de
Belgrado, ambas férreamente controladas por el régimen del presidente serbio
Slobodan Milosevic, uno de los responsables de la Defensa Territorial de
Bosnia-Herzegovina, Hasan Fendic, había firmado hoy una orden de bloquear los
cuarteles, impedir los movimientos de tropas y comenzar el ataque contra las
instalaciones del Ejército yugoslavo. El supuesto firmante desmintió minutos
después con vehemencia esta información como una "burda
falsificación".
Esta orden había sido supuestamente firmada después de que
el general Kukanjac rechazara con absoluto desprecio -"Ni ahora ni
nunca"- la invitación de la presidencia de subordinarse al poder civil del
nuevo Estado o retirarse al territorio del nuevo Estado proclamado como la
Yugoslavia serbio-montenegrina, del que recibe directamente las órdenes este
Ejército.
La noticia de la "declaración de guerra" de la
Defensa Territorial de Bosnia-Herzegovina contra el Ejército serbio-federal no
requería ser veraz para obtener como resultado la violencia que a primeras
horas de la noche parecía extenderse por la república. Todo indicaba que Alia Izetbegovic tenía razón cuando hace dos días se negó a ir a Lisboa y envió a una
delegación de su partido, el musulmán SDA, insistiendo en quedarse como máximo
representante del poder legal en "estos momentos críticos", como
declaró a EL PAÍS en Sarajevo.
Presión comunitaria
Su decisión de doblegarse a la presión comunitaria y asistir
a la reunión de Lisboa, auspiciada por la Comunidad Europea (CE) para la
pacificación de Bosnia-Herzegovina, creyendo una vez más en la influencia de la
comunidad internacional, podría haber sido su gran error, ya que su regreso al
despacho en la presidencia, donde quería estar esta noche, parecía ayer
extremadamente improbable.
Izetbegovic dejó claro, sin embargo, que acudía a Lisboa no
como uno de los tres líderes étnicos, sino como el presidente de la república
para denunciar la continua agresión contra la misma por parte del Ejército del
vecino Estado, la recién proclamada nueva Yugoslavia serbio-montenegrina.
En Helsinki, una reunión de la Conferencia sobre Seguridad y
Cooperación en Europa (CSCE) no había tomado decisión alguna al cierre de esta
edición sobre la expulsión de la delegación yugoslava serbio-montenegrina del
puesto que la antigua Yugoslavia ocupaba en este organismo.
La solicitud fue hecha por Austria, Hungría y otros países.
Rusia advirtió que la expulsión podría reforzar las tendencias radicales en
Serbia, y algunos países comunitarios se pronunciaron por esperar algo más a la
evolución política en Serbia.
EL PAÍS ha sabido que el presidente serbio, Slobodan
Milosevic, ha realizado una campaña entre diversos miembros de la CSCE
advirtiendo sobre el inminente peligro fascista en Serbia si se acentúa el
aislamiento de este Estado y presentádose, al parecer con éxito, como "el
mal menor".
Carta abierta
En una carta abierta a la presidencia de Bosnia-Herzegovina
(BH), Blagoie Adzic, el ministro de defensa serbio-montenegrino, advierte que
"consideramos su decisión unilateral de retirada de las tropas del
Ejército popular yugoslavo [JNA] del territorio de Bosnia-Herzegovina y las
condiciones establecidas para ésta como una medida que no resuelve la
situación, sino que provoca una escalada de los conflictos de consecuencias
incalculables".
Según Adzic, la presidencia bosnia ha ignorado que el 90% de
los miembros del Ejército desplegado en su territorio son serbios, y de ellos,
el 80% son nacidos en Bosnia, "por lo que no pueden retirarse a Serbia y
Montenegro como ustedes piden".
El jefe de la II Región Militar, Milutin Kukanjac, había
rechazado con rotundidad horas antes la resolución presidencial que asegura a
todos los miembros del Ejército sus derechos, sueldo y rango si se subordinan
al poder civil y exige la retirada a Serbia y Montenegro de todos aquellos que
no acepten la oferta. Según Kukanjac, la retirada del Ejército pondría en grave
peligro a la comunidad serbia en Bosnia-Herzegovina.
El Ejército prosiguió, mientras tanto, con su despliegue por
todas las regiones ya ocupadas que las fuerzas serbias han proclamado
"república serbia de Bosnia-Herzegovina", y de las que están
expulsando a la población musulmana.
Se multiplican los indicios de que las numerosas bandas de
la guerrilla serbia, armadas por el Ejército y dirigidas por líderes llegados
en su mayoría de Serbia, actúan ya fuera del control de sus inspiradores en
Belgrado, la capital yugoslava.
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