Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Sarajevo
El País Martes,
23.06.92
A las once de la mañana de ayer, una serie de granadas de
mortero cayeron repentinamente en pleno centro de Sarajevo cuando los
residentes en la asediada ciudad aprovechaban una breve tregua para salir de
los refugios. Ocho personas murieron y más de 80 resultaron heridas, algunas de
ellas de extrema gravedad, según el último balance difundido por la policía
local.
Las escenas dramáticas de las víctimas esparcidas por la
calle recordaban la matanza del pasado 27 de mayo, cuando un bombardeo desde
las posiciones serbias provocó la muerte de más de 20 civiles que hacían cola
para comprar pan. Sin apenas comida ni más armas que fusiles y alguna pieza
artillera, sin agua ni electricidad en grandes partes de la ciudad, la
población de Sarajevo, acosada y bombardeada desde hace casi ochenta días por
decenas de baterías artilleras del Ejército serbio federal, está perdiendo la
esperanza de que el mundo intervenga para poner fin a la matanza diaria.
El bombardeo había sido muy intenso por la noche y al
remitir de madrugada hizo salir a mucha gente en busca de comida. A media
mañana, de repente, comenzaron a caer las granadas en el casco antiguo. En la
calle del Mariscal Tito, tres personas murieron en el acto y 25 sufrieron
heridas. Instantes después otra granada cayó frente al banco nacional, en la
misma calle.
Las fuerzas serbias que han ocupado parte de Dobrinja
forzaron a más de cien musulmanes a cruzar el frente en pleno combate a través
del puente minado de Vranja. Arrastrándose, muchos descalzos, empapados de
sudor y llorando de pánico, llegaron a las posiciones bosnias. Allí, muchos
contaron atrocidades cometidas por la guerrilla serbia. Algunos habían sido
obligados a presenciar la ejecución de sus familiares.
Varios edificios en el centro ardían tras ser alcanzados, y
los bomberos intentaban desesperadamente bajo las granadas que seguían cayendo,
evitar que se extendiera el fuego a las casas colindantes. Del edificio del
diario Oslobodenje (Liberación), incendiado el domingo por varias
granadas y fuego de ametralladoras pesadas, emanaba aún ayer una larga columna
de humo negro. Este diario ha logrado no faltar ni un día a la cita con sus
lectores. Con a veces sólo cuatro páginas, en turnos laborales de 10 días en
que periodistas y otros trabajadores no abandonan sótanos y talleres, Oslobodenje únicamente
se vende en Sarajevo en puestos callejeros que montan los periodistas. Dos páginas
aparecen a diario llenas de esquelas con fotos de carné de jóvenes, mujeres,
ancianos y niños. Según la Presidencia de la República, de los 7.200 muertos
declarados oficialmente hace una semana, más de 700 eran niños de menos de 14
años.
De otros puntos de Bosnia-Herzegovina llegaban a Sarajevo
informaciones sobre más muertes y destrucción en Derventa, Hadzici y la ciudad
de Gorazde. Ésta fue bombardeada la noche anterior por aviones del Ejército
serbio federal, que despegaron de la base militar de Batajnica, a 20 kilómetros
de Belgrado.
También en Sarajevo sonó ayer la alarma aérea, aunque la
intensidad del bombardeo artillero hacía imposible saber si participaban
aviones en los ataques. La movilización general era ayer completa, y todas las
personas de más de 18 años, hombres hasta los 60 y mujeres hasta los 55, se
habían inscrito en sus respectivos cuarteles para ser adscritos a sus diversas
tareas de guerra. Todas las instalaciones y bienes han quedado a disposición de
las autoridades militares del Estado. [La Organización Médicos del Mundo
comenzó ayer en Madrid una campaña de recogida de alimentos que concluirá
mañana, con el propósito de enviar un convoy de víveres a Sarajevo, según
comunicó ayer a Efe el gerente de la organización, Gonzalo Guerra. La situación
en la ciudad sitiada "es crítica, ya que a la falta de alimentos, desde
abril pasado, se unen cortes de agua y luz, y se temen ya los primeros brotes
epidémicos", dijo Guerra.]
No hay comentarios:
Publicar un comentario