Por HERMANN TERTSCH
El País, Sarajevo,
23.06.92
Almir lloraba ayer aterrorizado en brazos de su madre en un
semisótano de la calle de Nikola Tesla de Sarajevo. Las continuas explosiones
en los alrededores hacían temblar la pequeña habitación. En sus cinco años,
nunca ha estado tan pálido, nunca había tenido esas bolsas oscuras bajo sus
preciosos ojos azules.
A menos de 150 metros, varias granadas habían despedazadó
ayer a tres personas y herido a 25 en una esquina de la calle del Mariscal
Tito. Está muy cerca de la calle de Vas¡ Miskina, donde la matanza de más de 20
personas hace un mes conmocionó brevemente al mundo.
Senada Kreso, periodista, no entiende ya a las democracias
occidentales. Volvió a nacer en la noche de ayer cuando un proyectil cruzó su
apartamento. Senada, como todos los ciudadanos que soportan uno de los peores
bombardeos de las pasadas semanas, asegura que "no pararán hasta matarnos a
todos".
Mientras dice esto, suena un fuerte puñetazo en la mesa
vecina. Emir, un hombre de mediana edad, ha perdido los nervios al ver las dos
páginas llenas de esquelas del diario Oslobodenje. "No se puede
soportar ya. La ONU nos trata igual que a los criminales. Y, mientras, nosotros
aquí abajo, viviendo como ratas. Son todos una mierda", decía llorando.
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