Por HERMANN TERTSCH
El País Miércoles,
24.02.93
TRIBUNA: ANÁLISIS
El presidente turco, Turgut Ozal, realizó la pasada semana
una gira por los Balcanes que concluyó el domingo en Croacia tras visitar Bulgaria,
Macedonia y Albania. Turquía, expulsada de la región en la primera guerra
balcánica en 1912, está demostrando un renovado interés en la suerte de los
Estados que emergieron de su hundimiento como imperio y se perfila como
potencia protectora de Macedonia y Albania en los conflictos de estos dos
Estados con sus adversarios comunes: Serbia y Grecia. Turquía, aunque Estado
laico, tiene además un fuerte vínculo religioso con la mayoría de los
habitantes de Albania, el Sanchak, Kosovo y Bosnia. Millones de turcos tienen
sus orígenes allí. Ozal ya dejó claro su propósito antes de salir de Ankara:
"Vamos a aislar a Serbia por el norte y por el sur".
Con la nueva confianza que le otorga el protagonismo que
está asumiendo como gran potencia regional en Oriente Próximo y en las
repúblicas ex soviéticas de Asia Central, Ankara está decidida a hacer valer su
influencia en esta región que dominó durante cinco siglos. El pasado año
Turquía firmó un acuerdo de cooperación militar y defensa con Albania. Era éste
el segundo acuerdo de esta índole desde la disolución de Yugoslavia. El primero
fue establecido por Croacia y Bosnia-Herzegovina. El presidente turco ha
mediado también entre musulmanes y croatas bosnios para recomponer la frágil
alianza antiserbia en Bosnia.
Estos acuerdos tienen en común su inequívoca vocación de
establecer una alianza efectiva contra el expansionismo serbio al que los
organismos de seguridad tradicionales no han logrado frenar. Bulgaria ha
firmado un acuerdo con Albania que incluye la construcción de una autopista
Tirana Skopje-Sofía y negocia otros con similar relieve estratégico. Además ha
reforzado su cooperación con la pequeña Macedonia, acosada por Grecia en el sur
y por Serbia en el norte y sumida en una gravísima miseria agravada por el olvido
internacional al que está condenada por el veto de Atenas a su reconocimiento.
Una semana antes, Grecia y Rumanía firmaban un tratado para
la cooperación comercial y económica que tendrá muy limitados efectos reales
dada la crítica situación rumana, pero que es un indicio más de cuáles serán
las alianzas futuras en la región, muy similares a las habidas en el pasado.
Los ministros de Exteriores de Rumanía y Grecia utilizaron la ocasión para
manifestar su oposición a toda acción punitiva internacional contra Serbia por
el papel de este país en la guerra. Grecia y Rumanía han sido, con Rusia y
Ucrania, los más activos colaboradores de Belgrado en buscar fórmulas para
paliar los efectos del embargo de Naciones Unidas contra Serbia y Montenegro.
Con la gira de Ozal por los Balcanes se perfilan ya las
alianzas regionales que pueden tener pronto un papel vital si la guerra se
extiende a Kosovo y Macedonia y Albania se ve arrastrada a la misma. Albania,
que ha ingresado ya oficialmente como primer país europeo en la Organización de
la Conferencia Islámica, puede beneficiarse del magnífico aparato militar
turco. Ya han llegado las primeras partidas de armas turcas a los puertos
albaneses. Ozal anunció en Skopje, capital de la Macedonia ex yugoslava, que
Turquía entrenará al nuevo ejército macedonio. El paseo militar que sería para
Serbia una guerra contra los albaneses desarmados de Kosovo y el maltrecho
Ejército albanés se hace así muy improbable.
Esto no parece haber disuadido a las fuerzas serbias en
Kosovo de forzar una nueva escalada represiva. Con la victoria electoral de los
extremistas serbios de Zeljko Ranjatovic, alias Arkan, se ha
agudizado el peligro de guerra en Kosovo, seguro detonante de una guerra
balcánica.
La potencia de Turquía
Aunque Bulgaria ha firmado un nuevo acuerdo para
intensificar las relaciones económicas con la vecina Grecia, Sofía parece más
celosa de buenas relaciones con la cada vez más potente Turquía que con una
Grecia aislada en la Comunidad Europea (CE) y agitada por el nacionalismo.
Bulgaria ha demostrado moderación y equilibrio hasta hoy en la crisis
balcánica, no solo por temor a verse arrastrada a la guerra sino también por
las divisiones internas sobre las relaciones exteriores. El Partido Socialista
(ex comunista) forma hoy el mayor lobby progriego como supuesta
opción europeísta mientras las fuerzas democráticas parecen proclives
a la vía americanista que, según ellos, pasa por Ankara.
Rumanía, que comparte con Belgrado la hostilidad hacia
Hungría y Croacia, se une a Serbia y a Grecia, que ven a su común adversario en
Turquía, los musulmanes de la región y Albania. La región de los Balcanes no es
ya sólo la triste prueba de que la guerra, en sus formas más crueles, es
posible en Europa en el umbral del siglo XXI. Se ha convertido ya también en
precursora en la revitalización de antiguas formas de diplomacia y cooperación
internacional que se habían combatido con éxito desde el final de la II Guerra
Mundial por su gran potencial de conflicto.
Con el obligado alineamiento en los bloques hegemónicos
surgidos después de 1945 y el desarrollo del multilateralismo, cuya máxima
expresión son la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Conferencia de
Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE), Europa creía haber enterrado para
siempre la política de alianzas regionales que dominó las relaciones
internacionales hasta 1945.
El fracaso del multilateralismo de la ONU y la CSCE en la
mediación o pacificación coercitiva en los Balcanes ha sido total. Comprobada
en los casos de Croacia y Bosnia la incapacidad de la CE y la ONU en proteger
la integridad territorial y la seguridad de Estados reconocidos, los países de
la región se apresuran a buscar garantías para su defensa en las alianzas
contra potenciales agresores.
Como sucedió en los años treinta con el hundimiento de la
Liga de Naciones, se ha perdido la fe en los organismos multilaterales. Los
Estados se despiden del concepto de la seguridad colectiva y buscan alianzas
basadas en intereses y enemigos comunes. Es un indicio más de que la región
entera entra en una era de inestabilidad, desconfianza y tensiones.
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