Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Sarajevo
El País Domingo,
14.06.92
Las tropas de autodefensa bosnias toman nuevas posiciones en
su avance en un barrio céntrico
"Mira, son los nuestros, están tomando el cementerio
judío". Tumbado en la terraza del duodécimo piso de un céntrico edificio,
Jasmin, un policía bosnio, extendía ayer el brazo al vacío para señalar
entusiasmado las bocanadas de fuego que, en un bosquecillo junto al cementerio
sefardí del siglo XVI, hacían adivinar las nuevas posiciones en el avance de
las tropas gubernamentales bosnias en el barrio de Vraca. Las fuerzas
gubernamentales habían lanzado en la madrugada del viernes una ofensiva para
romper el implacable cerco de la guerrilla y el Ejército serbio al barrio de
Dobrinja, donde ya han sido enterrados los primeros muertos de hambre.
"Tenemos que liberar Dobrinja, después echar a los
terroristas de Ilidza y seguir hacia occidente, llegar al mar con los croatas.
Hacer un corredor. Sólo así salvaremos Sarajevo", comentó Jasmin. Las
esperanzadas palabras del policía musulmán fueron acalladas por la explosión
consecutiva de dos obuses de carro de combate en una casa de dos pisos cercana
a su puesto de observación, en la ladera norte del valle del río Miljacka, que
fluye por la capital bosnia. Cuando se disipó la nube de polvo y humo, la
fachada del segundo piso mostraba un agujero por el que cabía un coche.
Durante muchos segundos, repiquetearon sobre los tejados
vecinos los cascotes de una más entre las miles de ruinas que ya cubren
Sarajevo. Intensos silbidos cruzaban el valle de sur a norte. Partían de las
lanzadoras múltiples de cohetes de las posiciones serbias y concluían en
fuertes explosiones sobre las casas de la ladera sur del monte Hum y en Nuevo
Sarajevo, que desde lo alto parece ya una maqueta de ruinas, con paredes
maestras desnudas y los esqueletos de los edificios de oficinas y apartamentos
incendiados en los dos meses de incesante bombardeo.
A gran velocidad, caravanas de coches particulares repletos
de hombres armados llegaban al semidestruido Parlamento. Allí se reagrupaban
las fuerzas gubernamentales en el frente sur de Vraca y distribuían sus
refuerzos al cerco de las fuerzas serbias. Los sitiadores, al menos un grupo de
ellos, estaban ayer sitiados.
El policía y sus acompañantes escondían la brasa de sus
cigarrillos tras la palma de la mano para evitar la atención de las decenas de
francotiradores serbios apostados en las casas de Vraca. Durante la noche del
viernes al sábado, ese puesto había sido un palco de honor para el espectáculo
de una gran batalla urbana con intenso fuego artillero.
Según caía la tarde, los incendios de varias casas en Vraca,
en el cuartel Mariscal Tito y en la estrecha franja de retaguardia bosnia en el
monte Hum; las balas trazadoras de 30mm y 50mm, y los fogonazos de los morteros
en acción convertían el centro moderno de Sarajevo en un fantasmal escenario de
fuego.
A partir de medianoche, los combates en los barrios de
Vraca, Momcilo y Grbavica languidecieron y desde la una hasta las cinco de la
mañana de ayer sólo se escucharon explosiones aisladas de granadas de mortero y
alguna ráfaga de fusil de asalto.
Dervo Harbinja, comandante de las fuerzas bosnias, expresó
ayer su satisfacción por la ofensiva aún en marcha cuyo objetivo último es
romper el cerco a Sarajevo. "Tenemos aisladas a las fuerzas terroristas en
Vraca. Hay 1.500 hombres rodeados que ya no tienen contacto con el Ejército
serbio. Les hemos cortado toda comunicación con el cuartel de Lukavica y hemos
hecho prisioneros. Desde el comienzo de esta operación ayer hemos tenido seis
muertos en nuestras filas otros tantos heridos pero tengo la certeza de que su
número de bajas es tres veces mayor".
"La diferencia está clara", dice Ígor Baros, un serbio
casado con una musulmana, que se encuentra en las filas de los defensores de
Sarajevo. "Aparte de los aventureros y ladrones que sólo están en sus
filas para saquear las zonas que dicen liberar, ésos de ahí arriba tienen que
coger por el brazo a jovencitos a los que obligan a ser sus voluntarios.
Sin embargo, aquí hay colas para el reclutamiento. Es simplemente porque
nosotros estamos defendiendo a nuestros hijos y nuestra ciudad".
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