Por HERMANN TERTSCH
El País, Sarajevo,
14.06.92
"Esperemos que ahora no digan las fuerzas de las
Naciones Unidas que los culpables somos nosotros porque estamos echando a esos
bandidos de Vraca y Grbavica", decía ayer Zenka Montilio, una judía
sefardí con su antiguo nombre español. Casada con un musulmán, perdió su casa y
todas sus pertenencias en el barrio de Grbavica, cuando fue tomado por la
guerrilla serbia. "En casa se han instalado algunos, pero, según algún
vecino que sigue allí, todos los electrodomésticos y muebles se los han llevado
quién sabe a dónde". "El problema de las fuerzas de las Naciones
Unidas es que vienen con carácter pacificador y tratan como iguales al ladrón y
a la víctima", dice Eyup Ganic, miembro de la presidencia de
Bosnia-Herzegovina. "No hacen nada. Les provocan y les disparan y ni
siquiera se atreven a identificar a quienes les están atacando dice Minka, la
mujer musulmana del serbio Ígor.
Alex Culic, un croata amigo de la judía sefardí Zenka, de
los musulmanes Damir y Minka y del serbio Ígor, también ha sufrido la liberación de
una cafetería que poseía en la estación de esquí de Jaholina, sede de los
Juegos Olímpicos de invierno en 1978. "Amigos serbios que viven allí me
han llamado para decirme que han desmantelado todo el interior del café".
Ninguno de ellos cree en el alto el fuego ofrecido por el
líder de la guerrilla serbia, Radovan Karadzic. "Están locos. Creo que
esto no terminará nunca y nos matarán a todos. Ayer me dio una gran depresión al
pensar que cuando envié a mis hijos a Croacia no les di un álbum de fotos
nuestras para que tengan un recuerdo en el peor de los casos". Los hijos
de los tres matrimonios mixtos viven en casas de amigos en Zagreb.
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