Por HERMANN TERTSCH
El País Domingo,
03.01.93
TRIBUNA: GUERRA EN LOS BALCANES
ANÁLISIS
Por primera vez desde que comenzó la guerra, los mediadores
internacionales, ahora lord Owen y Cyrus Vance han logrado sentar juntos a
todos los líderes implicados en la tragedia de Bosnia-Herzegovina, menos al
principal, Slobodan Milosevic, presidente de Serbia. La Comunidad Europea y las
Naciones Unidas han conseguido obligar al presidente bosnio Alia Izetbegovic,
legitimado por unas elecciones de pureza indudable, a sentarse en una mesa con
Radovan Karadzic, un psiquiatra serbio que, gracias a las armas suministradas
por el ejército serbio-yugoslavo, se hizo con el poder en la comunidad serbia
de Bosnia a principios de año y después, sobre decenas de miles de víctimas,
con el control de un 70% del territorio del Estado. Hay que remontarse a la
negociación sobre los Sudetes checoslovacos, dirigida por lord Runciman en
Praga en 1938, para encontrar un precedente de cuando la comunidad
internacional obligó al representante legal de un Estado a negociar con el
líder de una facción de este país llegada al poder por métodos bélicos o
terroristas.
Expansión de Serbia
Los mediadores internacionales llegan a Ginebra con un
borrador de acuerdo tan bien intencionado como lejano de la cruda realidad de
Bosnia. Owen y Vance aparentan seguir pensando que Karadzic, y en menor medida
el líder ultranacionalista croata Mate Boban, luchan por un Estado bosnio con
tres etnias con poder constituyente. En realidad, y más después de la rotunda
victoria de Milosevic en las urnas, Karadzic busca la unión de los territorios
ocupados por sus fuerzas con Serbia.
De ahí que la fórmula presentada por Owen y Vance sobre la
prohibición de "acuerdos internacionales de las provincias", que el
borrador de acuerdo presenta, sólo puede ser aceptado en típica argucia bélica
y nunca como fórmula sinceramente aceptada. Karadzic sólo quiere
provincias racialmente puras que puedan ser anexionadas a Serbia.
La única esperanza en Ginebra está en que el mundo
occidental haya finalmente alcanzado la convicción de que la perversión política que Milosevic encarna en Serbia sólo es neutralizable por la fuerza.
Las otras partes no serán más fácilmente persuadibles. Izetbegovic ha sido obligado a negociar con el líder de los verdugos de
Sarajevo. Nadie podrá obligar a los combatientes bosnios a aceptar la derrota y
desaparición de su Estado, menos ahora, cuando las fuerzas musulmano-croatas con
participación de muchos serbios, están infligiendo fuertes derrotas militares a
las fuerzas de Karadzic. El mayor éxito de Ginebra sólo puede estar en
convencer a Belgrado y a su caudillo delegado Karadzic de que si no retornan a
la comunidad civilizada de naciones sólo pueden esperar una catástrofe total
para su pueblo.
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