Por HERMANN TERTSCH
El País, Praga,
03.01.93
El primer ministro eslovaco, Vladimir Meciar, ha advertido a
la oposición y a la minoría húngara en este nuevo Estado independiente que les
exigirá una declaración de lealtad. La advertencia coincide con el estallido de
una bomba en un puesto fronterizo checo.
La bomba, de escasa potencia, estalló en una de las nuevas
garitas instaladas por las autoridades checas en la más joven frontera europea
en la localidad de Stary Hrozenkov. No se produjeron víctimas. "Creo que
todos los miembros del Parlamento eslovaco deberán jurar su compromiso con esta
Constitución para eliminar todas las dudas", dijo ayer el primer ministro
eslovaco, Meciar. Una exigencia similar del Gobierno croata a la minoría serbia
dio el pretexto a las milicias armadas por el ejército serbio-federal a
comenzar el levantamiento contra Zagreb y después la guerra en la que, con
ayuda de Belgrado, ocuparon un tercio del territorio de Croacia.
La Constitución eslovaca, emanada de la mayoría
parlamentaria bajo dirección de Vladimir Meciar nació, según la oposición y la
minoría húngara, viciada por otorgar demasiado poder al Gobierno y al partido
gobernante.
Meciar ha sido acusado en repetidas veces de tener
tendencias totalitarias, de chantajear a adversarios con informes de la policía
política del disuelto régimen comunista y de intentar liquidar los derechos de
la minoría húngara en Eslovaquia, que cuenta con unos 600.000 miembros.
Abstención húngara
Los catorce diputados húngaros se habían abstenido en la
votación para la aprobación de la nueva Constitución eslovaca celebrada el
pasado septiembre, después de acusar al nuevo texto legal de ignorar los
derechos de autonomía de los húngaros en Eslovaquia. Fuentes del Gobierno
húngaro, entre ellos el hombre fuerte del gobernante Foro
Democrático, el derechista lstvna Csurka, advirtieron en declaraciones a EL
PAÍS que la concesión de autonomía a los húngaros en Eslovaquia será la clave
de las futuras relaciones entre ambos países.
Las relaciones entre el nuevo Estado independiente de
Eslovaquia y Hungría están además lastradas por el contencioso de la central
hidroeléctrica de Gancikovo, un proyecto común que Hungría suspendió
unilateralmente alegando graves perjuicios ecológicos, económicos y
estratégicos.
Más de dos decenas de puestos fronterizos como el dañado por
el atentado horas después de la proclamación de la independencia de ambos
Estados han sido instalados en la frontera común, especialmente por los checos.
En Praga se parte de la certeza de que, ante la desigualdad
en el índice de inflación y datos generales económicos, la frontera quedará
cerrada antes de junio, fecha prevista inicialmente por los dos liquidadores
del antiguo Estado, los primeros ministros de la república checa y de
Eslovaquia, Vaclav Klaus y Vladimir Meciar, respectivamente.
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