Por HERMANN TERTSCH
El País Jueves,
07.01.93
El plan de división provincial de Bosnia-Herzegovina,
presentado por los mediadores internacionales, David Owen y Cyrus Vance, es
fruto de las buenas intenciones de ofrecer "un poquito" -como dijo
Owen- a cada una de las tres partes, pero ignorar las intenciones de éstas en
la esperanza de que así se modifiquen. La estrategia no tiene perspectivas de
éxito. La realidad no ha cambiado tanto como para que Belgrado deba
considerarse obligada a tales concesiones y a la renuncia a la Gran Serbia. La
interrupción del foro de Ginebra se ha debido menos a la Pascua ortodoxa que a
su necesidad de consultar con el jefe, Slobodan Milosevic, presidente de
Serbia. Es el único que acaso podría permitirse imponer concesiones como las
que exige el plan Owen-Vance a la parte serbia que, con razón, se considera
triunfante. No parece probable que esté dispuesto a ello, pese al nuevo intento
de Owen y Vance, que acudieron a Belgrado a convencerle y que comienzan a tener
argumentos convincentes que tienen que ser amenazas verosímiles.
Serbia quiere imponer la solución de tres cantones étnicos
porque sólo este número garantiza que los territorios que ahora ocupa estén
unidos territorialmente, entre sí, con Serbia, y con los territorios que ocupan
aún en Croacia.
Los más beneficiados por el plan de la mediación y los
únicos que lo aceptan son los croatas. Se les concede la provincia en torno a
Gradacac al sur del río Sava.
Unidad territorial
A los serbios se les arrebataría la región de Gradacac, que
les es vital para la unidad territorial de Serbia con la gran provincia de
Banja Luka y con la Krajina en Croacia, bajo su poder. La región de Gradacac no
la controlan los serbios en su totalidad pero sí logran mantener un corredor
más o menos estable para los necesarios suministros. Los costos de sus
conquistas en esta región clave han sido ingentes. Ni Karadzic ni su jefe
militar, Ratko Mladic, pueden aceptar su cesión. La orden para una decisión de
tal calibre tiene que llegar desde Belgrado.
Los bosnios ponen como condición innegociable garantías de
que la integridad territorial de la república será respetada para impedir que
las partes dominadas por las fuerzas serbias y croatas declaren su anexión a
Serbia y Croacia como es el objetivo declarado de los dos líderes que negocian
en su nombre en Ginebra. Exigen además un control internacional sobre las
armas, para que el monopolio de la violencia esté en el Estado y no en las
provincias serbias y en Serbia. Es, ni más ni menos que lo que aseguran
defender Owen y Vance. Inviolabilidad de fronteras y Estado de derecho, ni más
ni menos.
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