Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
10.12.92
La oferta de las fuerzas serbias de permitir la salida de
Sarajevo a todo aquel que lo solicite es coherente con todo su esfuerzo bélico
y la estrategia elaborada tras comprobar en los dos últimos meses que las
amenazas de intervención internacional no comportan peligro alguno para sus
planes. Tras un alto el fuego que las fuerzas serbias nunca respetaron en los
frentes norte y occidental, pero que mantuvieron durante casi dos semanas en un
Sarajevo convertido en banco de pruebas sobre sus intenciones ante la opinión
pública internacional, se han difuminado los escasos temores que podían
albergar Radovan Karadzic y Ratko Mladic, los dirigentes político y militar
serbios. Tiene cierto valor simbólico que las fuerzas de las Naciones Unidas,
representantes de la comunidad internacional sobre el terreno, tuvieran que
correr a esconderse en los refugios de su cuartel general ante los ataques
serbios. El comunicado de la oferta de Karadzic, emitido desde su cuartel
general en Pale, tiene ya el tono de un parte victorioso: "Ciudadanos de
Sarajevo, preparaos para cambiar la vida en casas frías por una vida en casas
templadas, el plato vacío por un plato lleno, la guerra por la paz".
La desesperación en Sarajevo es hoy mayor que en otras
ciudades bosnias perdidas entre montañas, sometidas a semejante o peor asedio,
sin ayuda humanitaria y sin presencia internacional. Éstas han tenido que
sobrevivir por sí mismas o han perecido. Sarajevo ha contado con la atención
internacional y la presencia de unos cascos azules que, si llegaron para
garantizar la llegada de una ayuda humanitaria, no han podido garantizar que
los ciudadanos de la capital sobrevivieran para hacer uso de ella.
Hundir la resistencia
Es improbable que las autoridades legales dejen salir de
Sarajevo a los ciudadanos que crean poder acogerse a la oferta de Karadz¡c para
evitar la muerte o la locura. La salida de decenas de miles de familiares de los
defensores de la ciudad y las previsibles ofensivas posteriores podrían hundir
fácilmente la resistencia de la ciudad. Entonces resurgirán en Occidente las
voces de aquellos que acusan de inhumanidad al Gobierno bosnio
mientras consideran aceptable la explicación serbia de que bombardean la ciudad
porque los bosnios quieren romper el cerco que los mata lentamente. Es
improbable también que Karadzic y Mladic se dispongan a una rápida ofensiva
para tomar Sarajevo. Saben que hasta haber quebrado por completo la voluntad y
resistencia de la ciudad, como se hizo en Vukovar y Jajce, sus fuerzas
sufrirían demasiadas bajas. Además, creen tener tiempo. Mientras, en Ginebra
seguirán haciendo ofertas de paz y en Bosnia liquidando a un pueblo indefenso.
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