Por HERMANN TERTSCH
El País, Praga,
31.12.92
El checo Václav Klaus, líder del Partido Democrático Cívico
(ODS), siempre tuvo claro que de vencer en las elecciones no pagaría precio
alguno por mantener la unión de checos y eslovacos. Klaus no tenía intención de
aceptar ninguna solución que pudiera frenar una terapia de choque en la
economía con la que cree poder poner a la república checa en la primera línea
de naciones industrializadas europeas en pocos años. En este plan Eslovaquia
era un estorbo.
Vladímir Meciar venció en las elecciones en Eslovaquia con
una campaña en la que alternaba su populismo nacionalista con ideas sobre
mayores ayudas a la industria pesada, una red social para los afectados por las
reformas y otras ideas intervencionistas. Quería una confederación con mayor
atención a los problemas específicos de los cinco millones de eslovacos, que
sufren más que los 10 millones de checos las profundas transformaciones
emprendidas tras la revolución de terciopelo. O federación, o nada. Exigía el reconocimiento de Eslovaquia como sujeto internacional, pero Klaus
rechazó todo lo que no fuera la federación, con su inevitable centralismo en
Praga. El resultado es que dos pueblos que han vivido en un Estado durante 74
años se separan sin que sus habitantes hayan sido consultados al respecto. Los
partidos vencedores en las elecciones no tenían la división o independencia
entre sus objetivos electorales. No se celebró el referéndum propuesto.
El resultado es el siguiente: el 1 de enero, los checos
cantarán la primera parte del hasta ahora himno nacional conjunto Kde
domov muj (Donde está mi hogar), y los eslovacos cantarán la segunda
parte, Nad Tatrou sa blyska (Un relámpago sobre los montes Tatra). Los
checos quieren quedarse con la bandera federal, lo que indigna a los eslovacos.
Ellos han adoptado la bandera roja, blanca y azul con tres montes y la cruz de
San Esteban. Ambos Estados mantendrán al menos seis meses la misma moneda, la
corona checoslovaca.
Los dos Estados seguirán aceptando el pasaporte checoslovaco
durante cinco años si se sella con el timbre de checo o eslovaco a
partir del 1 de enero. Quién lo renueve recibirá el de su nuevo Estado.
Gran parte de las embajadas en el Tercer Mundo se cerrarán.
En otros países se repartirán las instalaciones en relación de dos a uno en
favor de la república checa. La mayor parte de los países occidentales entre
ellos España ya han anunciado el reconocimiento de ambos Estados el 1 de enero.
Los militares pueden decidir en tres meses a qué ejército pertenecer.
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