Por HERMANN TERTSCH / AGENCIAS
El País, Zagreb /
Ginebra, 29.07.92
Estados Unidos ha iniciado consultas con los aliados sobre
una posible acción militar en Bosnia para proteger la entrega de ayuda
humanitaria a la población. La situación es absolutamente dramática en Gorazde,
donde 70.000 musulmanes corren peligro de morirse de hambre, de ahí que se
estudie la posibilidad de lanzar en paracaídas alimentos y medicamentos.
"Apoyaremos cualquier resolución de las Naciones Unidas que autorice el
uso de todas las medidas necesarias para garantizar la entrega de ayuda
humanitaria", declaró ayer John Bolton, subsecretario de Estado
norteamericano para organizaciones internacionales, en Ginebra, donde hoy se
abre la conferencia sobre los refugiados de la guerra en Bosnia-Herzegovina.
Mujeres y niños, encerrados en vagones de mercancías o
ganado, lloraban y pedían, entre sollozos y gritos desesperados, agua. Algunos
serbios que se hallaban en la estación de ferrocarril intentaron acercar un
cubo de agua a las manos que surgían de una de las ventanucas enrejadas, única
ventilación para las infelices gentes hacinadas en los vagones. Civiles
serbios armados lo impidieron con energía. "Nada de agua, que son
fundamentalistas islámicos". Esta escena no pertenece a un documental sobre
la deportación de judíos europeos durante la II Guerra Mundial. Confirmada por
numerosos testigos llegados a Zagreb y Karlovac (Croacia), se produjo días
atrás en Prijedor, Bosnia noroccidental. Musulmanes bosnios eran deportados por
las fuerzas serbias hacia Croacia.
Mientras, en Londres, el líder de la guerrilla serbia,
Radovan Karadzic, puso finalmente ayer sus cartas sobre la mesa al anunciar que
todo alto el fuego tiene que ir vinculado a un "acuerdo político"
sobre la división territorial de esta república soberana y miembro de las
Naciones Unidas.
División étnica
Todo parece indicar que ante la previsible caída de la
ciudad de Gorazde en manos de sus tropas y ante la indecisión de la comunidad
internacional sobre si intervenir militarmente o no en Bosnia, Karadzic se
considera ya victorioso. Su declaración equivale a proclamar que sus armas sólo
callarán cuando las otras partes hayan aceptado la división étnica de Bosnia,
que el líder serbio en esta república propugna e impone ya de hecho sobre el
terreno con las deportaciones forzosas y el terror ejercido en los
territorios ocupados.
Karadzic pidió "el inicio inmediato de conversaciones
directas entre todas las partes", pero el ministro de Exteriores de
Bosnia-Herzegovina, Haris Silaijdzic, se negó a negociar en estos términos.
"No estamos dispuestos a que nos impongan por la fuerza de las armas y el
hambre, una negociación que no es tal".
La conferencia de Ginebra, solicitada por Alemania para
intentar forzar a otros países europeos a asumir parte de la marea de
refugiados que huyen de la guerra hacia Centroeuropa, amenaza con convertirse
en una prueba más de la impotencia de la comunidad internacional en afrontar el
conflicto balcánico. Con Francia y el Reino Unido a la cabeza del frente de
países opuestos a abrir sus fronteras a los refugiados bosnios y con Alemania,
que ya ha acogido a más de 200.000, el conflicto en el seno de la Comunidad Europea
parece seguro. "La conferencia se puede convertir en una arena para
acusaciones mutuas que nos impida concentrarnos en las tareas de alivio de la
situación", manifestó la portavoz del Alto Comisariado de las Naciones
Unidas para los Refugiados (ACNUR), Silvana Foa. El máximo responsable del
ACNUR en los Balcanes, el español José María Mendiluce advierte que de no
acordarse medidas urgentes este invierno pueden morir por frío, hambre y
enfermedades hasta medio millón de personas, en su inmensa mayoría musulmanes
bosnios expulsados de sus hogares por las fuerzas serbias.
Esta catástrofe a añadir a las decenas de miles de muertos
provocados por la guerra y las operaciones de limpieza étnica realizadas por
las fuerzas insurrectas serbias en Bosnia, apoyadas por Belgrado, tendría por
escenario regiones a menos de 300 kilómetros de Venecia. Las acciones de
limpieza étnica aplicadas por los serbios han adquirido en las últimas semanas
especial virulencia en la región noroccidental de la república, tras la caída
de la última resistencia conjunta de tropas croatas y fuerzas leales a la
presidencia de Bosnia-Herzegovina.
Mandos de la ONU han confirmado que los líderes guerrilleros
serbios les han sometido a presión para que cooperen en la expulsión de los
musulmanes de esta región. "El chantaje es muy simple. Dicen que si no
evacuamos a esta gente, van a pasar cosas malas", señaló el responsable
del ACNUR en Zagreb, Jean Claude Concolato. "Mientras estábamos allí [en
la ciudad de Bosanski Novil] dos casas [de musulmanes] fueron voladas y un
musulmán muerto por francotiradores. En tres semanas, mis hombres sacaron tres
cadáveres que flotaban sobre el río Una", añadió.
HAY MUCHOS SARAJEVOS
Sarajevo es ya un símbolo en todo el mundo de los
sufrimientos de la población civil en la guerra en Bosnia-Herzegovina. Sin
embargo, esta ciudad, semidestruida ya, puede considerarse afortunada si
compara su suerte con la de otras localidades menores, como Gorazde, Doboj,
Prijedor, Derventa, Visegrad o Foca. Éstas no tienen aeropuerto en el que
recibir ayuda humanitaria, ni visitas de estadistas, ni presencia de la prensa
extranjera. Estas ciudades e infinidad de pueblecitos y aldeas perdidas por las
montañas de Bosnia han sido escenario de atrocidades tales que, por increíbles,
afectan a la credibilidad de los testigos. Así, un periodista británico que
había ofrecido a su emisora de radio el relato de su descubrimiento de una
treintena de musulmanes degollados tras retirarse las fuerzas serbias de una
aldea bosnia recibió por respuesta que su crónica no se emitiría hasta que no
la "completara" con una matanza cometida por musulmanes. A estos
extremos ha llegado la política de "equiparación", que no
ecuanimidad, aplicada por muchos Gobiernos y medios occidentales a la guerra en
Bosnia.
Ayer, otra periodista británica, testigo del implacable
bombardeo sobre Gorazde, comentaba abatida la falta de reacción efectiva de la
comunidad internacional. Según decía, el miedo en situaciones de peligro lo
dispara en gran parte esa sensación de gratuidad del testimonio ofrecido.
"Para qué tanto peligro y miedo. No hacen nada".
Mientras decía esto, recordando a una joven camarógrafa de
la cadena estadounidense CNN que perdió hace días la mandíbula inferior y la
lengua por el impacto de una bala explosiva, el jefe del francotirador serbio
responsable de destrozarle la cara y la vida a su amiga, Radovan Karadzic,
aparecía victorioso en televisión. Karadzic, calificado de
"dialogante", hablaba de "progresos en las negociaciones",
ya que la Comunidad Europea "comprende la situación".
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