Por HERMANN TERTSCH
El País, Belgrado,
23.12.92
"Ya no queda sino emigrar", declaraba ayer
profundamente deprimida María una vez asumida la victoria de Slobodan Milosevic
y el auge del ultranacionalista Partido Radical. "Nos van a
destruir", decía Dragan. Era hiriente ayer la desesperación de los
sectores serbios más ilustrados y urbanos, en especial de los jóvenes, que
habían mantenido la esperanza de una victoria de Milan Panic y del retorno de
Serbia a la comunidad de "países normales", como decía ayer un
estudiante. La selección negativa, clásica en el socialismo real,
agudizada bajo el nuevo régimen de Slobodan Milosevic, e intensificada con la
guerra, alcanzó el domingo sus cotas más altas. El régimen serbio era dirigido por
un político comunista sospechoso de responsabilidades criminales a ojos de
algunos Gobiernos extranjeros. El domingo, aquellos que han hecho gala en la
campaña de sus "proezas bélicas" en la limpieza étnica en Bosnia,
tales como Arkan y Seselj, han sido llamados por una mayoría del electorado a
dirigir el país. Miles de jóvenes ya habían tomado la resolución antes de las
elecciones de abandonar la antigua Yugoslavia si el presidente Milosevic se
mantenía en el poder.
Los lamentos y las denuncias de fraude electoral de la
oposición y de una comunidad internacional que intervino masivamente en favor
del candidato Panic son inútiles. La diferencia entre los dos candidatos no
responde a la manipulación de votos. Es reflejo de un estado de opinión masivo,
producto de la agitación y propaganda, de la manipulación de mitos, información
y conciencias. La catársis nacional que la sociedad serbia tiene pendiente ya
difícilmente podrá producirse por medios pacíficos.
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