Por HERMANN TERTSCH
El País, Belgrado,
22.12.92
Los resultados de las elecciones en Serbia acaban
definitivamente con el sueño del millonario norteamericano de origen
belgradense, Milan Panic, de "hacer una California de Serbia", poner
fin a la guerra y demostrar a los serbios que es más beneficioso retornar al
concierto de naciones que entregarse a sueños y mitos de conquista. Al margen de
las irregularidades, que las hubo, Panic y la comunidad internacional deberán
darse por enterados de que la mayor parte de la población serbia no sufre por
las muertes de ciudadanos de otras naciones bajo sus bombas y que considera
justa la conquista de territorios de otras repúblicas.
La comunidad internacional, que quiso compartir el sueño de
Milan Panic, se enfrenta ahora a un Slobodan Milosevic reforzado con la
legitimidad del voto popular.
La oposición habrá de cuidarse ahora en sus desafíos al
poder, a los que éste responderá con decisión y violencia si lo estima
necesario.
Milosevic y su aliado el ultra Vojislav Seselj
consideran ahora que tienen un mandato claro para entrar en la fase que
consideran definitiva para consolidar sus fines. La integración oficial en su
federación de las repúblicas serbias autoproclamadas en los territorios
ocupados de Bosnia-Herzegovina y Croacia, y el comienzo de lo que Seselj llama
"una política de firmeza en Kosovo", auguran nuevos problemas a la
comunidad internacional.
El auge 'ultra'
El ultranacionalismo en Serbia, cuyo primer gran adalid es
el comunista Milosevic, está en rápido auge. Seselj es un producto de
Milosevic, y ambos trabajan con los mismos fines. El resultado de las
elecciones es, por tanto, para decirlo de forma coloquial, un inmenso
"corte de mangas" de los serbios al conjunto de la comunidad
internacional.
Panic y la oposición, con todo el apoyo del extranjero y
hasta llamamientos del patriarca Pavle de la Iglesia ortodoxa, no han podido
con la arrogancia en que han imbuido a la mayor parte de la población la
propaganda y la política nacionalista de Belgrado.
El embargo sólo ha servido para que, violándolo, los serbios
lograran convencerse aún más de su impunidad.
La mayor severidad que ahora se anuncia reforzará los mitos
del martirologio serbio. "Tenemos pan y eso nos basta. Comeremos piedras antes
de dar autonomía a los albaneses en Kosovo, esa sagrada tierra serbia",
afirman los nacionalistas.
La carta de París de la Conferencia sobre la Seguridad y la
Cooperación en Europa (CSCE) sobre respetos a las minorías ha quedado hecha
añicos.
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