Por HERMANN TERTSCH
El País, Belgrado,
23.12.92
El primer ministro británico, John Major, visitó ayer por
sorpresa a los 2.400 soldados británicos desplegados en Bosnia-Herzegovina,
asegurándoles que el plan para imponer la zona de exclusión aérea a la aviación
serbia está ya listo. Mientras, el secretario de Estado norteamericano,
Lawrence Eagleburger, calificaba el resultado de las elecciones serbias de
"mala noticia" y la OTAN desmentía unas supuestas declaraciones de su
secretario general, Manfred Wörner, sobre la "neutralización en 24
horas" del aparato militar serbio. A pesar de su derrota, el primer
ministro federal de la nueva Yugoslavia, Milan Panic, pidió ayer a la comunidad
internacional que no intervenga en Bosnia.
Major se dirigió a las tropas británicas en su
acuartelamiento y les dijo que está en proceso de elaboración un plan para
mantener a la aviación serbia fuera de la zona de exclusión aérea en
Bosnia-Herzegovina. El primer ministro británico aseguró que la resolución
sobre el plan será debatida "dentro de pocos días" por las Naciones
Unidas. "Una vez impuesta la zona de exclusión pueden estar seguros de que
en la actuación del Gobierno estará presente de manera primordial su seguridad
aquí", añadió ante una formación de blindados del Regimiento Cheshire. La
rotunda victoria electoral del presidente Slobodan Milosevic, la confirmación
de un espectacular aumento del voto al ultranacionalista Partido Radical y la
multiplicación de denuncias de fraude incrementaron ayer, tanto en Belgrado
como en Europa y EE UU, la certeza sobre la inevitabilidad de una intervención
internacional contra Serbia. Las esperanzas en una solución pacífica en el
conflicto balcánico eran ayer ya casi nulas en Belgrado.
Según los resultados parciales, que se hacen públicos con
exasperante y sospechosa lentitud y no serán definitivos hasta el jueves,
Milosevic logró el 56% de los votos y su rival, Milan Panic, tan sólo el 32%.
El derrotado Milan Panic insistió ayer en su denuncia sobre las
irregularidades registradas en la votación. "En cualquier Estado bajo el
imperio de la ley las elecciones serían anuladas con toda la razón", se
leía en un comunicado remitido a la agencia serbia Tanjug. A pesar de ello,
Panic añadió que no es partidario de la intervención militar internacional para
detener el actual conflicto en Bosnia-Herzegovina: "Como primer ministro
de Yugoslavia me opongo resueltamente a cualquier presión sobre mi país,
especialmente a la amenazas que implican el uso de la fuerza".
Los primeros indicios de la dirección que puede tomar la
política del régimen serbio tras la reafirmación del liderazgo de Milosevic y
la victoria parlamentaria de la alianza entre el Partido Socialista y el
ultranacionalista Partido Radical ya se percibieron ayer en Kosovo.
El líder guerrillero Arkan, delincuente común buscado por la
policía en varios países europeos occidentales, dirigente de una de las bandas
serbias más sangrientas en la guerra en Bosnia, se presentó ayer como flamante
parlamentario por esta región y lanzó una declaración de guerra contra la Liga
Democrática de Kosovo, que dirige el escritor Ibrahim Rugova. Arkan ridiculizó
al secretario de Estado norteamericano, Lawrence Eagleburger, que le había
incluido en la lista de criminales de guerra a juzgar por un tribunal
internacional, y anunció que defenderá el nombramiento del dirigente ultra del
Partido Radical, Vojislav Seselj, como ministro serbio de Defensa o de
Interior.
Arkan y Seselj se han declarado partidarios de una expulsión
forzosa de gran parte de la mayoría albanesa de Kosovo, donde serbios y
montenegrinos son tan sólo el 10% de la población.
La comunidad albanesa está sometida a un implacable régimen
de represión por las autoridades serbias desde que Milosevic llegó al poder en
Belgrado. "Como diputado voy a hacer todo lo que pueda para que Kosovo
deje de ser un problema en Yugoslavia", declaró Arkan.
El portavoz del Partido Socialista, Ivica Dacic, rechazó las
denuncias de fraude de los observadores de la Conferencia de Seguridad y
Cooperación en Europa (CSCE) y del candidato presidencial derrotado, Milan
Panic, que exige una repetición de los comicios. "Nosotros sí tendríamos
motivos para protestar. Nunca en la historia de la humanidad se ha producido
tanta masiva injerencia extranjera para forzar a los electores a votar a un
candidato concreto".
El comienzo de la depuración étnica en Kosovo, prioridad
electoral de Arkan y Seselj, sería un casus belli para la vecina
Albania, según ha advertido su presidente, Sali Berisha. Una guerra en Kosovo
se extendería automáticamente a Macedonia.
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