Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
13.08.92
GUERRA EN LOS BALCANES
La opción militar mas ambiciosa exigiría hasta 400.000
soldados
Las imágenes televisivas, las informaciones sobre la guerra
y las atrocidades contra civiles en Bosnia han despertado la indignación en
todo el mundo e incrementado la presión sobre Gobiernos y organismos
internacionales para intervenir militarmente y acabar con el baño de sangre.
Sin embargo, políticos, militares y expertos en defensa muestran reticencias a
implicar a sus ejércitos en esta guerra. Las modalidades de una hipotética
operación militar, las consecuencias de tal intervención o de su ausencia, son
objeto de debate en todo el mundo.
Las opiniones divergen en cuanto a dimensión y alcance de la
operación militar. La resolución del Consejo de Seguridad que está a punto de
aprobarse y que autorizará el empleo de "todos los medios necesarios para
garantizar la llegada de la ayuda humanitaria" a los habitantes de Bosnia-Herzegovina
deja abiertas muchas opciones, entre ellas el uso de la fuerza militar. La
opción de la fuerza abre a su vez posibilidades de intervención que van desde
la mera escolta de convoyes humanitarios con mandato de autodefensa y
represalia en caso de ataque hasta el bombardeo de objetivos militares serbios
en territorio de Bosnia-Herzegovina y, de ser necesario, incluso en territorio
de Serbia.
Expertos militares han defendido y desaconsejado con igual
vehemencia las diversas respuestas militares a la situación bélica y
humanitaria en esta joven república balcánica. Por un lado están quienes abogan
por una operación drástica para demostrar a Serbia y sus fuerzas en Bosnia la
firme resolución de la comunidad internacional de no permitir por más tiempo
las violaciones del derecho internacional y los derechos humanos. Éstos
propugnan un ataque aéreo y con misiles desde buques desplegados en el
Adriático contra aeropuertos, instalaciones militares y baterías artilleras
serbias que bombardean ciudades bosnias como Sarajevo y Gorazde.
El bombardeo de bases como los aeropuertos militares de
Banja Luka en Bosnia y Batajnica en Serbia, de las baterías en Trebevice sobre
Sarajevo, centros de mando como Pale y Han Pijesac y como Grabez, base del
ataque a Bihac, serían clara advertencia a Serbia y la guerrilla serbia en
Bosnia de que se ha decidido acabar con la impunidad con que han actuado hasta
ahora. Esta operación no exigiría la presencia de soldado extranjero alguno en
suelo bosnio, sería fácil de realizar, bajo en costos y con menor riesgo de
bajas propias y víctimas civiles. El ataque a las baterías, el objetivo más
difícil por la orografía accidentada de las zonas en que se hallan, no
afectaría en demasía a la potencia de fuego de la guerrilla serbia pero sería
un fuerte golpe a la moral, ya baja, de unas fuerzas desorganizadas, cuyos
éxitos se basan en su abrumadora superioridad en armamento.
Ataques sucesivos
En caso de no acceder las fuerzas serbias a la retirada de
sus armas a territorio propio de Serbia y a poner fin a sus asedios, ataques y
política de limpieza étnica, los defensores de esta dura respuesta
escalonada propugnan nuevos ataques para destruir todo el potencial militar de
Serbia, Montenegro y los serbios en Bosnia, así como objetivos estratégicos en sus
territorios.
Esta opción exigiría la retirada de los cascos azules de
algunas zonas de extrema exposición, para impedir que sean objeto de ataques de
represalia. Hay quien, como la ex primera ministra británica Margaret Thatcher,
exigen el suministro de armas a las fuerzas bosnias sitiadas para su
autodefensa y para disuadir a la guerrilla serbia de nuevas matanzas, esta vez
en respuesta a la operación militar extranjera.
Todos los expertos militares, coinciden en que una operación
militar aérea por sí sola no pondrá fin a la guerra. Unos sí creen que la
operación haría abandonar a Slobodan Milosevic, presidente de Serbia, y Radovan
Karadzic, jefe de la guerrilla en Bosnia, su postura de fuerza y el desprecio a
toda solución que no suponga la plena aceptación de sus planes.
Otros, por el contrario, opinan que, tras un ataque de este
tipo, los serbios llamarían a la resistencia nacional, la violencia contra
musulmanes y croatas continuaría y las fuerzas internacionales se verían
obligadas a entrar por tierra con el ingente costo en vidas humanas y medios
financieros que supondría la implicación en una guerra de guerrillas en una
región desconocida para las fuerzas occidentales. El recuerdo de Vietnam pesa.
La opción inicial más modesta -y probable- de intervención
por parte de una alianza internacional contempla la apertura de corredores
humanitarios, bajo protección militar, desde la costa adriática al corazón de
Bosnia para el suministro de la ayuda imprescindible para evitar una catástrofe
con la llegada del ya muy cercano y siempre duro invierno en la región.
Estos corredores serían de unos 170 kilómetros hasta
Sarajevo, pero mucho más largo hasta las ciudades de la ribera del Drina, como
Gorazde, Visegrad, Zvornik o Bratunac. Hasta Sarajevo, abrir un corredor es
poco problemático, ya que transcurre, salvo los 10 últimos kilómetros, por
territorio controlado por bosnios y croatas. El director de la revista Jane's
Defence Weekly, Paul Beaver, habla de 75.000 hombres sólo para la
protección de los corredores. El director del Instituto Internacional de
Estudios Estratégicos de Londres, François Heisbourg, habla de entre 50.000 y
100.000.
Para crear zonas protegidas para acoger a los refugiados se
requieren más tropas. Una circunferencia de unos 30 kilómetros, en el caso de
Sarajevo, exigiría en torno a los 30.000 hombres. En las grandes bolsas de
refugiados de Tuzla, Bihac o Zenica y Travnik, el número de tropas necesario es
sensiblemente superior. Para evitar una aplicación de la política de limpieza
étnica serbia, sería imprescindible también el despliegue militar en la
provincia de Kosovo y en la zona de Novi Pazar, dos regiones serbias con
mayoría albanesa y musulmana. También habría que aumentar la vigilancia del
embargo a Serbia, sistemáticamente violado por Rusia y en menor medida por
Rumanía, a través del Danubio. El teniente general norteamericano Barry
McCaffrey habla de 400.000 soldados en tierra para controlar los escenarios de
guerra.
El costo, incluso de la más modesta operación, será ingente.
Pero los partidarios de la intervención advierten que la pasividad actual
resultará más cara a la postre y la intervención podría ser inevitable dentro
de un año con más millones de refugiados a añadir a los dos millones y medio existentes.
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