Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
18.08.92
TRIBUNA
Los líderes en Bosnia-Herzegovina del Partido Socialista
Serbio (SDS), Radovan Karadzic, y de la Comunidad Democrática Croata (HDZ),
Mate Boban, han acordado presentar una propuesta común de dividir en cantones
esta república en la Conferencia sobre Yugoslavia que se abrirá el día 26 en
Londres. De ser cierta esta información de la agencia yugoslava Tanjug, la
dirección serbia en Bosnia y la facción minoritaria, pero dominante, de los
croatas bosnios, habrían acordado dar el golpe mortal a la unidad e integridad
territorial de este Estado miembro de la ONU. La división territorial en
cantones étnicamente puros -nadie en los Balcanes se llama a engaño-, sería,
muy probablemente, un primer paso para que, en un par de años, consolidado el
poder de Belgrado y Zagreb en los cantones serbio y croata respectivamente, se
celebren sendos referendos para ratificar la plena anexión a la llamada
Federación yugoslava de Serbia y Montenegro, por un lado, y al Estado
independiente de Croacia, por el otro.
La población mayoritaria en Bosnia, la comunidad musulmana,
quedaría así confinada a un pequeño gueto -casi al modo de las reservas indias
en Norteamérica- al noroeste de Sarajevo, sin salida al mar ni viabilidad
económica alguna. Declaraciones de representantes de la Comunidad Europea en la
negociación de paz, en especial las del británico lord Carrington, parecen
confirmar que Europa no sólo aceptaría sino que estaría decidida a ejercer la
presión necesaria para imponer esta solución sobre la comunidad musulmana, los
croatas y serbios leales al Gobierno de Sarajevo y sobre la presidencia
legítima y multiétnica de Bosnia-Herzegovina. Apoyada esta fórmula por los dos
vecinos con ambiciones territoriales y la comunidad internacional ansiosa de
liquidar la crisis por la vía más rápida, difícilmente el Gobierno bosnio
podría hacer algo más que lamentarse. Con el subterfugio de la creación de
cantones, fase transitoria hasta la anexión definitiva de los territorios
apetecidos, casi el 70% de Bosnia por parte de Serbia y un 20%, -toda la
Herzegovina occidental-, por parte de Croacia, por primera vez desde la Segunda
Guerra Mundial un Estado europeo reconocido internacionalmente desaparecería
por la fuerza de las armas.
Depuración étnica
Si el acuerdo entre Belgrado y Zagreb cuaja y es sancionado
por la Conferencia de Londres, es probable que a corto plazo la Comunidad
Internacional ya no tenga que preocuparse en debatir una intervención militar
en Bosnia. Las fuerzas serbias concluirán felizmente, con la aprobación de las
democracias occidentales, su depuración étnica de los territorios ocupados y
las fuerzas croatas harán otro tanto, animadas por el éxito alcanzado por los
serbios con esta política. Tanto en la depuración como en la utilización de
civiles como elementos de canje por prisioneros de guerra, Croacia se ha
convertido en alumno aventajado de Serbia. No debe extrañar. Belgrado ha
demostrado la plena efectividad de estos métodos, dada la total ausencia de
consecuencias negativas para sus autores.
Tranquilizado el frente bosnio, Serbia se concentrará en sus
depuraciones étnicas pendientes, en Kosovo y en la Vojvodina. En Kosovo, un
levantamiento de los albaneses proporcionará a Belgrado la ocasión para
corregir la correlación demográfica. Bastaría con la expulsión manu
militari de medio millón de albaneses hacia Albania. En la Vojvodina, los
húngaros y los croatas están siendo ya expulsados. Amenazas, leva de jóvenes no
serbios para la primera línea del frente y confiscación de casas y bienes son
los métodos que Belgrado utiliza allí.
Con la aprobación a posteriori en Londres de la
política de fuerza y depuración étnica en Bosnia, pronto los métodos podrían
ser más expeditivos.
Otros estados podrían aprender a ver en esta política la
solución para sus problemas con las minorías. Bucarest puede pronto ser
gobernada por gentes que despojen de trabajo, casa y bienes a los húngaros de
Transilvania para incentivar su emigración. Albania podría ser aún
menos escrupulosa con los griegos del Epiro norte.
Macedonia podría verse tentada a imitar a Serbia en la
política hacia los albaneses. Eslovaquia se convencerá de que mejor que la dura
negociación con la comunidad húngara es la invitación más o menos violenta a su
emigración. Hay mucho imitador potencial de Serbia en los Balcanes y en el
Caúcaso. Los musulmanes bosnios creyeron contar con la protección del Nuevo
Orden Internacional, pero otras minorías tienen un Estado vecino de su etnia
que reclamará el mismo derecho que de hecho se ha otorgado a Serbia a violar
fronteras para proteger a sus hermanos de amenazas reales o
ficticias.
De ahí los temores de que el "éxito" de un acuerdo
de creación de cantones pueda ser tan fútil como aquella entusiasta afirmación
de Lord Chamberlain al volver a Londres tras su acuerdo con Hitler en Múnich en
1938: "Hemos evitado la guerra".
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