Por HERMANN TERTSCH
El País, Sarajevo,
05.03.92
Fuerzas conjuntas de la policía y del Ejército federal
yugoslavo patrullaban ayer las calles de Sarajevo una vez que se retiraron las
barricadas que milicianos musulmanes y serbios levantaran la noche anterior.
Ayer, la capital de Bosnia-Herzegovina amaneció tranquila después de una nueva
noche llena de pánico y rumores, disparos de ametralladora y comandos más o
menos incontrolados y fuertemente armados que volvieron a paralizar la ciudad.
Sarajevo enterró ayer a sus primeros muertos en el
conflicto interétnico creado por la disolución de Yugoslavia y los apetitos
hegemónicos del radicalismo nacionalista serbio, alimentado y armado por
Belgrado. "Ala al Akbar", la voz del imán, el reis Ul Ulema Hadzi
Naim-Efendi Selimovic, resonó ayer con autoridad en los jardínes de la mezquita
de Kobiljaglava, en la cumbre de una de las montañas que dominan Sarajevo.
Varios miles de personas se habían reunido ayer por la tarde para despedir al
joven Keman Demirovic, muerto a sus diecisiete años de dos tiros en la nuca por
dos serbios de una aldea vecina.
Todos los asistentes, incluido el jefe local de la policía,
el también musulmán Dodzic Senahid, conocen a los asesinos. "Se han
atrincherado con otros centenares de serbios en su aldea, tienen muchas armas y
si no nos los entregan habrá violencia", dice Senahid junto a la tumba de
Keman.
Dos horas antes, en el cementerio de Bare, una docena de
popes ortodoxos enterraban entre cánticos ortodoxos a Nikola Gardovic, uno de
los asistentes a la boda serbia asesinados por dos musulmanes y un croata en
una reyerta por una bandera serbia. En el cementerio de Bare, que se encarama por las laderas de una de las montañas de Sarajevo, cinco capillas forman un
semicírculo y simbolizan la pluralidad religiosa y cultural de esta ciudad, que
durante siglos le confirió riqueza y hoy está a punto de sumirla en una guerra.
Juez y parte
Un nuevo acuerdo logrado entre las autoridades de Bosnia y
los líderes del Partido Democrático Serbio, organizador del levantamiento del
pasado domingo, había impedido choques armados masivos. El Ejército, que como
ya sucedió en Croacia hace meses oscila entre una postura de apoyo al
radicalismo serbio y una actitud mediadora, había logrado la retirada de las
barricadas que de nuevo habían sido levantadas.
Su aún hábil política de erigirse en juez siendo parte es
característica para este escenario que "cada vez se parece más al del
estado inicial de la guerra en Croacia", como recuerda el ministro de
Asuntos Exteriores, Hari Silajic. Con la caída de la noche, volvían a correr
las noticias sobre nuevas barricadas en los accesos de la ciudad.
El jefe del musulmán Partido de Acción Democrática (SDA) en
Sarajevo, Harun Imamovic, decía ayer junto al féretro de Keman, cubierto con
la bandera verde del islam: "El Partido Democrático Serbio (PDS) quiere
impedir que los cascos azules vengan a Sarajevo. Ellos seguirán con sus barricadas
y atentados, y tendremos mucha violencia".
Los dos musulmanes que ayer aparecieron muertos en Gracko
avalan la tesis de Imamovic. En el norte de Bosnia-Herzegovina, en Bosariska
Brod, la policía de Bosnia arrebató el puente sobre el río Sava a las fuerzas
territoriales serbias tras una batalla que causó al menos dos muertos y
numerosos heridos durante la noche del martes.
Granadas de mortero
Al menos cien granadas de mortero cayeron sobre posiciones
musulmanas demostrando que el material militar que repartió el Ejército federal
entre la guerrilla serbia en Croacia ha llegado también a manos de los serbios
sublevados en Bosnia-Herzegovina contra la política de secesión apoyada por la
mayoría musulmana, la comunidad croata y gran parte de los serbios urbanos.
También se produjeron incidentes en otras ciudades de
Bosnia-Herzegovina, si bien las posibilidades de confirmar los hechos son casi
nulas por las difíciles comunicaciones.
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