Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Sarajevo
El País Sábado,
20.06.92
El plan de reapertura del aeropuerto sigue adelante, pese a
los combates
Emisoras occidentales de radio, sin corresponsales en la
asediada Sarajevo, acababan de anunciar la mañana más tranquila de toda la
guerra cuando tres tremendas explosiones de granadas de 155 milímetros hacían
temblar el edificio desde el que la prensa internacional envía por satélite sus
informaciones al exterior. No eran las primeras en estallar en la zona de
Kosovo, junto al hospital en el que se hacinan los heridos. Centenares de
granadas habían caído sobre la ciudad durante la noche y la mañana.
"Estamos siendo atacados desde todas partes",
declaró el comandante bosnio, Dervo Harbinja mientras todos los allí presentes
eran escoltados a la carrera hasta la entrada, en la ladera de una colina
cercana, de un viejo refugio de la Segunda Guerra Mundial. Un largo y frío
pasillo da acceso a una inmensa nave de más de cien metros de longitud y 25 de
altura. "Todo esto estaba lleno de armamento de la defensa territorial que
Izetbegovic entregó al Ejército supuestamente para evitar que cayera en manos
de un partido étnico. Desde aquí fue directamente a manos de la guerrilla serbia".
En las palabras de estos miembros de las fuerzas bosnias se
adivina la indignación y rabia que les embarga encerrados en el búnker por la
ingenuidad de su presidente, Alia Izetbegovic, que los dejó desarmados, apenas
con unos fusiles, frente al poderío de la guerrilla y el Ejército serbios.
Guerreros agotados
Incluso en este búnker en las entrañas del monte se
escuchaban ayer con nitidez las estruendosas explosiones de toda la artillería
serbio-federal. Guerreros agotados, sentados en el suelo y abrazados a sus
Kalashnikovs miraban al grupo de extranjeros con una sola interrogante: ¿Cómo
puede el mundo permitir esto?".
Ya desde la mañana, largas columnas de humo se alzaban sobre
Dobrinja, mientras sonaban sin cesar las ametralladoras sitiadoras de este
barrio, sede de la villa olímpica de los Juegos Olímpicos de 1984.
El ejército serbio-federal había logrado romper las
defensas el miércoles en cinco ocasiones. Dervo Harbinja, comandante de las
fuerzas bosnias, aseguraba que sus unidades habían cedido terreno.
"Nos han llamado desde casas de Dobrinja con relatos
terroríficos. Han puesto altavoces con música chetnik (nacionalistas radicales
serbios) en sus posiciones y están matando a quienes intentan huir ante su
avance. Estamos ante una matanza en Dobrinja" señaló Harbinja.
La situación en Dobrinja ha sido desde hace semanas la más
dramática de toda la capital bosnia. Aislados del centro y bajo un bloqueo
total, los 35.000 habitantes allí atrapados ya han padecido sus primeras
muertes por inanición.
Allí vivían -y están muriendo estos días- gran parte de las
familias de profesionales de media edad con hijos pequeños como indica el hecho
de que hay allí cinco colegios y numerosas guarderías. "Dobrinja puede
caer hoy" manifestó a media tarde un portavoz de las fuerzas bosnias que
no ocultaba su desesperación ante la suerte de sus habitantes.
Todo parece indicar que el líder de la autoproclamada
República Serbia de Bosnia-Herzegovina y responsable del cerco de la guerrilla
y el Ejército a Sarajevo, Radovan Karadzic, quiere tomar el control de Dobrinja
para tener el vecino aeropuerto rodeado por sus propias fuerzas ante una
eventual reapertura de éste bajo control de las Naciones Unidas.
Para la toma de Dobrinja, las fuerzas sitiadoras necesitan
el apoyo de la artillería desplegada cerca del aeropuerto, y en el cuartel de
Lukavica que han aceptado concentrar antes del próximo día 26 en varios puntos
vigilados por los cascos azules, según el plan de reapertura del aeropuerto
que, según dijo a EL PAÍS ayer el comandante de la ONU, el canadiense Louis
Mackenzie, sigue adelante pese a los combates.
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