Por HERMANN TERTSCH
El País, Bucarest,
28.09.92
Las elecciones legislativas y presidenciales rumanas
demostraron ayer que el aparato del viejo régimen comunista en Rumanía ha
desarrollado las mejores defensas para valerse del sistema democrático, tres
años después de la caída de Nicolae Ceausescu. Según los primeros resultados, el
presidente Ion Iliescu logró hacerse con el 48% de los votos y la práctica
garantía de mantenerse en el cargo mientras su principal rival, el rector de la
Universidad de Bucarest, Emil Constantinescu, apoyado por 18 partidos de la
oposición integrados en la Convención Democrática, no llegó siquiera al 33%.
Iliescu se coloca en una posición inmejorable para vencer en
la segunda vuelta, el próximo 11 de octubre, necesaria al no haber superado el
50% de los votos. El presidente, exultante al conocer la primera proyección de
los resultados, declaró estar "convencido de que la opción del electorado
expresada [ayer] será reconfirmada en la segunda vuelta". Iliescu pidió a
todas las formaciones políticas que aceptaran el resultado de las urnas.
En unas elecciones en las que las irregularidades fueron
mínimas e insignificantes, los resultados demuestran que una mayoría de la
población teme la democratización y el libre mercado y ve más amenazas que
ventajas en una integración en la esfera cultural, económica y política de
Europa occidental.
En las elecciones legislativas para los 328 escaños de la
Cámara de los Diputados y los 143 del Senado, el desastre sufrido por los
partidos de la oposición no es menor. El partido de Iliescu, el Frente
Democrático de Salvación Nacional (FDSN) escindido del Frente de Salvación
Nacional (FSN) del ex primer ministro Petre Roman, al que pocos creían capaz de
superar el 15% alcanzó el 27,5% y se convirtió en el partido mayoritario en el
Parlamento por delante de la Convención Democrática con el 23%. El FSN
consiguió el 11%; el ultraderechista Partido por la Unidad Nacional Rumana
(PUNR), el 7,5%; y el partido de la minoría húngara UMDR, el 7%.
Con el resultado obtenido por Iliescu y el 10% alcanzado por
el candidato ultraderechista a la presidencia, Gheorghe Funar, con más del 10%,
Rumanía da un gigantesco paso hacia su total enajenación del proceso democrático
de otros países de la región como Hungría, Bulgaria, Macedonia o Albania, y se
sumerge en el estatalismo paracomunista de su vecina Serbia.
El derrotado candidato de la Convención Democrática, Emil
Constantinescu manifestó ayer a EL PAÍS que daba por seguro que los votos en
favor de Funar fueran a Iliescu en la segunda ronda; y puso en duda que los
votantes del humillado candidato del partido de Petre Roman, Caius Traian
Dragomir, que sólo logró el 2,5%, fueran a obedecer a su líder votando a
Constantinescu. "No le seguirán en sus propuestas", dijo el candidato
de la coalición opositora.
El voto campesino
De nuevo el campo ha decidido la suerte política de Rumanía.
Mientras las grandes ciudades, Bucarest a su cabeza, votaron abrumadoramente en
favor de Constantinescu, la opción estatalista y antioccidental de Iliescu y la
nacionalista agresiva y antihúngara de Funar, lograron juntas una amplia
mayoría.
Las elecciones fueron fiscalizadas por un gran número de
observadores internacionales para evitar que, como sucedió en las celebradas en
junio de 1990, se produjeran irregularidades que, dada su amplitud, acabaron
por minar la legitimidad del Gobierno del Frente de Salvación Nacional,
victorioso entonces.
El Consejo de Europa paralizó el ingreso de Rumanía debido a
aquel fraude electoral y los posteriores ataques contra la oposición por parte
de mineros dirigidos por el aparato del antiguo régimen comunista bajo órdenes
del presidente Ion Iliescu. Parlamentarios europeos y diputados de numerosos
países, entre ellos España, recorrieron ayer colegios electorales por todo el
país sin que a última hora de la tarde se dispusiera de información sobre
irregularidades de entidad. "Confío en que esta elección dé legitimnidad a
la estructura política del Parlamento", manifestó el primer ministro,
Theodor Stolojan tras depositar su voto en el centro de la capital.
"Rumanía necesita estabilidad y estas elecciones tienen que dársela".
La campaña del ultraderechista Gheorghe Funar se basó en un
constante y furioso ataque contra la minoría húngara de cerca de dos millones
que habita en Transilvania y el Banato. Con esta estrategia ya logró hacerse
con la alcaldía de la ciudad transilvana de Cluj en las pasadas elecciones
municipales.
La Unión Democrática de los Húngaros de Rumanía que acudió a
las elecciones parlamentarias con sus propias listas apoya a Constantinescu
para la presidencia de la república, y Petre Roman excluyó toda posibilidad de
gobernar con Iliescu.
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