Por HERMANN TERTSCH
El País, Kiseljak,
21.11.92
Centenares de soldados croatas y musulmanes intentaban ayer
desesperadamente, bajo fuego enemigo continuo, impedir que el frente de Turbe
se desmoronara totalmente bajo la nueva e intensa ofensiva serbia. La caída de
Turbe supone prácticamente la toma por las fuerzas serbias de la ciudad de
Travnik, que se encuentra en el fondo de un profundo cañón abierto por el río
Lasva y que no se puede defender desde el interior. Todos los hombres en edad de
luchar fueron acuartelados ayer en las aldeas del valle meridional que se
extiende entre Kiseljak y Travnik. Durante toda la mañana, bajo fuego
artillero, camiones con soldados llegaban a Travnik, con mucho tráfico de
coches que iban y venían del frente y refugiados, muchos de ciudades
septentrionales ya en manos serbias, que se aprestaban a huir de nuevo. En
carros tirados por caballos, y algunos más afortunados en automóviles, pero todos
cargando aquellos enseres hogareños que aún poseen, partían una vez más, muchos
sin destino conocido.
Ametralladoras pesadas montadas sobre camiones y las pocas
piezas de artillería de que dispone en la zona la alianza bosnia de musulmanes
y croatas llegaron ayer al mediodía a Travnik para intentar frenar lo que
muchos allí ya consideran inevitable: la caída de esta vieja capital de la
Bosnia turca. De no producirse un giro inesperado en esta batalla, algunos de
los más ricos testimonios arquitectónicos legados por los turcos a los Balcanes
tienen las horas contadas.
La toma de Travnik supone, además, que el frente de combate
se acerque peligrosamente al cuartel general de las fuerzas británicas de la
ONU, en Vitez, a sólo 10 kilómetros de la ciudad amenazada. El mando de las
tropas británicas envió ayer dos vehículos blindados desde Vitez para observar
la situación en la zona de los combates.
A lo largo de la carretera de Vitez a Travnik, las fuerzas
croatas colocaron ayer algunas piezas de artillería pesada arrebatadas en su
día al Ejército serbio-federal. En unas praderas cercanas, grupos de jóvenes
campesinos recibían de mandos militares instrucciones de última hora antes de
acudir a sus relevos en el frente.
Durante la noche del jueves al viernes, las continuas
explosiones de las granadas iluminaban el cielo sobre el valle del Lasva desde
tres direcciones, mostrando así a los habitantes de Busovaca y Vitez la amenaza
a que ya se hallan expuestos sus hogares aún en pie. En el flanco suroriental
del valle, en Tarcin, a una veintena de kilómetros de Sarajevo, las fuerzas
serbias han concentrado varios tanques y las fuerzas croatas y musulmanas temen
nuevos ataques en los próximos días.
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