Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
21.05.92
Las negociaciones entre las presidencias de Croacia y
Bosnia-Herzegovina para formar una posible confederación entre estos dos
Estados independientes, celebradas en secreto la pasada semana y hechas
públicas ahora, son, ante todo, el embrión de una alianza anti-Serbia. La
alianza entre católicos croatas y musulmanes bosnios en contra de las fuerzas
serbias no es una novedad histórica y es hoy lógica ante una guerra que se augura
larga.
Dado que la ocupación serbia de más de dos tercios del
territorio de Bosnia-Herzegovina y de un tercio de Croacia es un hecho
consumado y militarmente irreversible al menos en un futuro próximo, esta
alianza tiende a reinstaurar un mínimo equilibrio de fuerzas en la región,
inexistente desde que el Ejército serbio-federal se alineó plenamente con los
intereses bélicos de Belgrado.
Victoria de los moderados
También es, aunque sus protagonistas croatas no lo
reconozcan, una victoria para las fuerzas moderadas de Zagreb que defienden la
integridad de Bosnia-Herzegovina contra los sectores radicales, especialmente
fuertes en la Herzegovina fronteriza con Croacia, que abogan por un acuerdo con
Serbia para repartirse Bosnia-Herzegovina por la vía de los "cantones
étnicamente puros", que en un futuro pedirían la anexión a Belgrado y
Zagreb, respectivamente.
La coordinación entre Zagreb y Sarajevo funciona en muchos
campos, aunque sometida a fricciones por las tentaciones expansionistas del
presidente croata, Franjo Tudjman.
Aunque hoy no parece realista la instauración de una
confederación institucional en plena guerra, la comunión de intereses existe.
Es previsible que otros pueblos amenazados por Belgrado,
como son los albaneses de Kosovo y los musulmanes del Sanchak, vean en esta
alianza y en el creciente poderío militar croata una garantía para un próximo
fin de los paseos militares del Ejército serbio-federal contra sus vecinos
indefensos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario