Por HERMANN TERTSCH
El País, Zagreb,
01.08.92
La población de Gorazde está bebiendo agua del río Drina
pese a que en su caudal todos los días ve pasar flotando siete u ocho cadáveres
más o menos mutilados, según declara el alcalde de esta ciudad de Bosnia
oriental, Nedzim Batic, a través de las ondas de una emisora de
radioaficionados. Sin agua corriente ni fluido eléctrico, comiendo y fumando
yerba, de no llegar pronto ayuda internacional, los habitantes de esta ciudad
que no mueran bajo las granadas de la guerrilla serbia fallecerán víctimas de
epidemias o del hambre. En Velika Kladusa, otra ciudad bosnia, en el norte de
una bolsa de población musulmana de unos 30 kilómetros de perímetro también sitiada
por fuerzas serbias, 3.000 de los 70.000 moradores actuales, en gran parte
refugiados, padecen afecciones intestinales por la falta de cloro para el agua
y otras deficiencias sanitarias, según su alcalde, Eyup Alagic. Nueve niños han
muerto en las últimas semanas, uno de ellos, de 14 meses, de tuberculosis.
"Desde hace unos días, los serbios están abandonando la
ciudad. Algunos amigos vienen a despedirse llorando a mi oficina. Tienen orden
del SDS (Partido Democrático Serbio del líder de la guerrilla, Radovan
Karadzic) de abandonar inmediatamente la ciudad y ya les han adjudicado casas
de musulmanes huidos de Sanski Most, Prijedor y Bosanska Krupa", señala
Alagic.
Éste está convencido de que en cuanto hayan salido los
serbios, comenzarán los bombardeos a la ciudad. "Es lo que han hecho en
todas partes. Les ordenan marcharse y después dicen que huyen aterrorizados por
nosotros y nos atacan".
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